Retrato de Silveria junto a una librería

Silveria Fañanás: El secreto del éxito de Ramón y Cajal

“Mi compañera, con su abnegación y modestia, su amor al esposo y a sus hijos y su espíritu de heroica economía, hizo posible la obstinada y obscura labor del que escribe estas líneas”
Santiago Ramón y Cajal

Silveria Petra Rafaela Josefa Florentina Fañanás y García nace el 20 de junio de 1854 en Huesca. Su padre, oscense, es un modesto empleado de oficina del Gobierno Civil y su madre, Petra García, es de Aniés.

Silveria y Santiago  se conocían de vista desde niños, cuando él estaba estudiando en Huesca. En sus memorias lo recuerda así:
“Mi mala fama había cundido de tal modo en el barrio, que hasta las niñas, cuando salían del colegio, se escondían al verme, temerosas de alguna furtiva pedrada. Por cierto que entre las muchachas que me cobraron más horror recuerdo a cierta rubita grácil, de grandes ojos verdemar, mejillas y labios de geranio, y largas trenzas color de miel. Su tío y su padre, a quienes nuestros diarios alborotos impedían dormir la siesta, habíanle dicho pestes de Santiagué, el chico del médico de Ayerbe, y la pobrecilla, en cuanto topaba conmigo echaba a correr despavorida, hasta meterse en su casa de la calle del hospital”.

Reencuentro en Zaragoza

Años más tarde, en 1878, se vuelven a encontrar. Esta vez en Zaragoza, donde Silveria, tras la muerte prematura de su padre, vive con su madre sobreviviendo de una modesta pensión de viudedad.
Santiago había conseguido la plaza de Director de los Museos Anatómicos de la Facultad de Medicina, aunque estaba muy mal pagada.
Él mismo rememora este encuentro: “de vuelta de paseo por Torrero, encontré cierta tarde a una joven de apariencia modesta, acompañada de su madre. Su rostro, sonrosado y primaveral, asemejábase al de las madonas de Rafael, y aun mejor, a cierto cromo-grabado alemán que yo había admirado mucho y que representaba la Margarita de Fausto. Me atrajeron, sin duda, la dulzura y suavidad de sus facciones, la esbeltez de su talle, sus grandes ojos verdes encuadrados de largas pestañas y la frondosidad de sus rubios cabellos; pero me sedujo más que nada cierto aire de infantil inocencia y de melancólica resignación emanado de toda su persona”.

Retrato de Silveria junto a una librería

Silveria Fañanás junto a una librería. Instituto Cajal (CSIC). Legado Cajal. Madrid.

Silveria Fañanás, con 24 años, se convierte en su novia. “Tiempo después, sin que los consejos de la familia fueran poderosos a disuadirme, me casé, no sin estudiar a fondo la psicología de mi novia, que resultó ser, según yo deseaba complementaria a la mía”.

Los primeros años del matrimonio

Este enlace se celebró casi en secreto. Tuvo lugar el 19 de julio de 1879, en la iglesia de San Pablo de Zaragoza. Por parte de la familia de Santiago solo asistió su  hermano Pedro.
Sin embargo todos los malos presagios en torno a esta boda resultaron falsos. Ni Santiago murió como vaticinaba su padre ni fracasó como vaticinaban sus amigos. Todo lo contrario.
Silveria “con una abnegación y una ternura más que maternales” se desvela por cuidar y consolidar su salud. Siempre apoyando y animando a su marido en sus proyectos, se convierte, durante su etapa en la capital aragonesa, en ayudante de su esposo en la fabricación de placas al gelatino-bromuro.
El nacimiento de los dos primeros hijos de la pareja no conllevó, como algunos habían profetizado, el abandono del estudio y de toda ambición elevada de Santiago, sino que gracias a la tranquilidad para el estudio que le aportaba el matrimonio, empezó a publicar sus primeros trabajos científicos y consigue por oposición la cátedra de Anatomía de Valencia (a finales de 1883).
Silveria es clave en mantener la economía doméstica a flote.  Siendo Cajal “un despreciador del vil metal”, ella administra con cautela los ingresos. La austeridad y el sacrificio se imponen al principio.

Iglesia de San Pablo en Zaragoza

Iglesia de San Pablo. Zaragoza. Foto: Sara Lugo

Sus años en la ciudad condal

A finales de 1887, la familia Ramón Cajal, ya con 5 hijos, se traslada a Barcelona. La necesidad de publicar los resultados de las investigaciones que Cajal lleva a cabo hace que los recursos económicos de la familia sean menores. Silveria comprende a la perfección estas nuevas exigencias de apretarse el cinturón y, además de ocuparse de su numerosa prole (su hija Pilar Enriqueta fallece con dos años en 1889), reparte como puede los ingresos entre la casa, el laboratorio y las publicaciones. En los momentos delicados Silveria es su consejera y su mayor apoyo.

Portada del libro Reglas y Consejos

Según Cajal “los atributos morales de la esposa son decisivos para el éxito de la obra científica”. En su libro “Reglas y consejos sobre investigación científica” aconseja, como compañera de glorias y fatigas,  una mujer hacendosa y económica, “con plena y cordial aceptación del ideal de vida del esposo”, para hacer de ella “un órgano mental complementario, absorbido en lo pequeño (gobierno del hogar, educación de los hijos) para que el esposo, libre de inquietudes, pueda ocuparse en lo grande, esto es, en la germinación y crianza de sus queridos descubrimientos”.

Las cualidades que atesora Silveria Fañanás la convierten en la compañera ideal para un hombre de ciencia.

Ramón y Cajal lo reconoce en sus escritos y siempre habla de ella con admiración y respeto:
“Solo hallé en mi compañera facilidades para costear y satisfacer mis aficiones y continuar mi carrera. No hubo, pues, dinero para perifollos, teatros, coches y veraneos, pero sí para libros, revistas y objetos de laboratorio. Y aunque estos elogios parezcan extraños y aun inconvenientes en mi pluma, complázcome en declarar que, no obstante una belleza que parecía invitarla a brillar y ostentarse en visitas, paseos y recepciones, mi esposa se condenó alegremente a la oscuridad, permaneciendo sencilla en sus gustos, y sin más aspiraciones que la dicha tranquila, el buen orden en la administración del hogar y la felicidad del marido y de sus hijos”.

El traslado a Madrid

En 1892 la familia se traslada a Madrid. Cajal logra poco a poco que la familia empiece a disfrutar de unos ingresos más abundantes. Con esta situación más desahogada Silveria disfruta de la ayuda de sirvientes y, en sus ratos libres, da rienda suelta a sus habilidades manuales: labores, encajes, ganchillo o la jardinería, siendo las rosas una de sus pasiones.

Silveria con sus hijos

Silveria Fañanás y sus hijos: Luis, Pilar, Jorge, Paula, Santiago y Fe. Instituto Cajal (CSIC). Legado Cajal. Madrid.

Los premios y reconocimientos que va recibiendo Ramón y Cajal son también un triunfo de Silveria Fañanás que siempre tuvo fe ciega en el trabajo de su marido. Algo que no solo su esposo reconoce: “Sería yo injusto si por una mal entendida discreción callara que, durante mis primeros años de profesor, solo la insuperable abnegación de mi esposa hizo posible mis trabajos científicos.
Por algo cierta dama de mucho talento solía decir: “La mitad de Cajal es su mujer”.

El matrimonio disfruta de viajes, del trabajo conjunto y de la crianza de sus hijos, aunque uno de ellos, Santiago, fallece en 1911.

Algunos autores consideran que Silveria tenía un carácter retraído, poco sociable y un tanto arisco, pero supo ser el complemento perfecto de Cajal durante más de 50 años de matrimonio. “Yo no hice sino cumplir con mi deber, el de disimular a mi compañero el conocimiento de las estrecheces y preocupaciones del hogar modesto para que se consagre libre y holgadamente a sus trabajos favoritos. Mi único mérito fue el de haber tenido fe ciega en él”.

Su fallecimiento

Doña Silveria fallece el 23 de agosto de 1930. Ella deseaba ser “conducida al camposanto católico sin ostentación ni fastuosidad, a semejanza de lo que fue en vida: sencilla, modesta, abnegada y amante de su marido y de sus hijos”, según reza el testamento de Cajal de 1927.

Don Santiago fallece cuatro años después y en sus últimas disposiciones testamentarias deja escrito: “Entiérreseme, a ser posible, junto a mi esposa, y si no, en el cementerio laico, junto a Azcárate”.

Su deseo fue cumplido y fue enterrado en Madrid junto a su mujer, Silveria.

Tumba de Silveria y Santiago

Tumba donde descansan Silveria y Santiago. Cementerio de La Almudena. Madrid.

Bibliografía

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